Las costumbres y tradiciones de México tienen un poder asombroso. De pronto son algo que puede transportar al pasado y si uno pone suficiente atención, también nos pueden llevar al futuro. En apariencia, nada cambia, todo permanece quieto, estable, respetuoso e intocable. En verdad, todo se mueve muy muy despacio, tan despacio que parece que nada se mueve. En general, México me da esa impresión de solemne quietud o de extraña pasividad. Hay un dicho muy conocido en esta tierra que todo mundo dice entre veras y bromas: “en este pueblo no pasa nada”.
Pero en verdad todo pasa, todo se mueve, todo corre despacio (de hecho, corre/despacio, sólo se puede entender bien a bien, en español) todo tiene un secreto dinamismo que sólo se aprecia viviendo este mágico país. Vaya si es mágico, sobre todo para los extranjeros. Para los locales, para los mexicanos, acostumbrados a la mágica convivencia con el tiempo, México es un tesoro - de costumbres y sabores - que se comparten con alegría y honestidad... siempre y cuando reciban a cambio un corazón sincero y una alma de verdad. Ya tendré más tiempo de explicar este concepto de la magia de México.
Pero hablando de una de sus tradiciones donde aparentemente no ha cambiado nada, ha cambiado todo, todo menos el verdadero espíritu que le dio origen. Me refiero a la famosa fiesta de las piñatas.
Las piñatas en México no son como lo que pensamos en Estados Unidos. Es decir, no son el típico burrito forrado de colorido papel de china. Las piñatas originales estaban hechas con ollas de barro, forradas de papel y adornadas con siete conos de cartón. Los siete conos simbolizaban los siete pecados capitales, que por cierto ya casi nadie recuerda (la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza)... la idea era romper con los vicios de la humanidad y con ello, obtener una recompensa.
Anteriormente la piñata estaba rellena de rica fruta: jícamas, tejocotes, naranjas, mandarinas, cacahuates, caña, bolsitas de piloncillo y si había cierta bonanza, podías encontrar algunas moneditas de dinero. La tradición del relleno fue cambiando, como ya dije, paulatinamente. Tiempo después se le fue añadiendo otro tipo de dulces y premios como: cocadas, caramelos, chiclosos. Algunos empezaron a ponerle confetti, mini-juguetitos de plástico, cohetes, luces de bengala y hasta cajetillas de cigarros.
Actualmente, los grandes fabricantes de dulces se han metido a la tradición con el pretexto de hacer la vida más fácil (más ready to go) y hoy podemos encontrar que las frutas casi se han desvanecido. La jícama ha desaparecido en nombre de los ‘Pulparindos’, la caña ha sido sustituida por el ‘Pelón-pelorrico’, el tejocote ha sido suplantado por una galleta chocolatosa y así todas las otras frutillas ahora son sustituidas por ‘Paletas Payaso’, chicles de todo tipo, dulces pro-caries dentales, mentitas, gomitas. Eso sí, los niños mexicanos, desde muy temprana edad, prefieren que el dulce sea picante; México es siempre spicy.
La cáscara natural de la fruta (biodegradable por cierto) ha sido relevada por el celofán que protege los dulces, pero contamina el ambiente. Cosas de la modernidad.
La tradición y la alegría no han cambiado, han evolucionado. Se le sigue pegando a una piñata llena de significados. Superficialmente, cuando uno ve a los niños y jóvenes golpeando a la piñata, uno ve alegría, cantos y dulces recompensas... pero hay un significado más interesante y más profundo: cuando se le pega a la piñata, se le pega al maligno, se le destroza a palos, se le arrancan las extremidades, se exhiben sus partes como un trofeo y lo mejor: se obtiene un premio, una fruta o un dulce, para saborear el triunfo del bien contra el mal... Quizá esta sea la moraleja que no debemos olvidar, es la lección que debemos transmitir a las nuevas generaciones para que, simplemente, no se pierda en las fauces del tiempo.
Por cierto, ahora las piñatas ya casi no son de barro (la gente no quiere que sus niños se corten con los tepalcates*). Ahora las piñatas se fabrican, en su mayoría, de cartón. El cartón aguanta más palos y es mucho más versátil en sus formas. Con el cartón se hacen figuras de: Luchadores, de Capitán América, de Dora la Exploradora, de Frida, de Micky Mouse, de cohetes, de diablitos, de Cenicientas, de sirenitas, Piratas del Caribe... you name it! Vaya, en estos tiempos difíciles, hasta la figura del presidente de la República recibe palazos a diestra y siniestra.
Las piñatas, regularmente se usaron para acompañar la fiesta o la conmemoración de las posadas (fiestas religiosas del 16 al 24 de diciembre), pero desde hace muchos años el uso se extendió a otras celebraciones como: fiesta de cumpleaños. fiesta de aniversarios, fiestas de escuelas, fiestas patronales, fiestas del pueblo, etc. Las piñatas pueden tener muchos significados pero ante todo significan FIESTA; sólo basta ver los ojos de los niños para entenderlo y para seguir fomentando la tradición.
*Tepalcates: trozos o pedacería de vasijas de barro.

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